Una actitud positiva puede ser buena para tu salud.

Mira el lado positivo de las cosas.

Vuelve tu cara hacia el sol y las sombras caerán a tu espalda.

Cada día puede no ser bueno, pero hay algo bueno en cada día.

Ver la botella medio llena, no medio vacía.

Los investigadores han descubierto que pensamientos como estos, señas de identidad de la gente que a veces llamamos “optimistas exagerados”, pueden hacer mucho más que levantar el ánimo. Dichas reflexiones pueden realmente mejorar la salud y prolongar la vida.

Ya no hay ninguna duda de que lo que ocurre en el cerebro influye en lo que sucede en el cuerpo. Cuando se enfrentan a un problema de salud, las personas que cultivan activamente las emociones positivas pueden estimular el sistema inmunológico y combatir la depresión. Los estudios han demostrado que existe un vínculo indiscutible entre tener pensamientos positivos y una vida saludable, incluyendo beneficios como la presión arterial más baja, menos enfermedades del corazón, mejor control del peso y los niveles de azúcar en la sangre menos elevados.

Incluso cuando se enfrentan a una enfermedad grave, los sentimientos y pensamientos positivos pueden mejorar en gran medida la propia calidad de vida. Rodearse de personas que te levanten el ánimo, mantener un diario de gratitud todos los días, hacer algo bueno para otras personas y ver películas que sean divertidas y eleven tu moral pueden mitigar los síntomas y retrasar la evolución de determinadas enfermedades.

El fomento de las emociones positivas ayudó a hacer mi vida lo mejor que podría ser”, “hicieron los tiempos difíciles más fáciles, a pesar de que no había ninguna diferencia en el estado de mi enfermedad” son declaraciones de algunas personas que tienen disposición natural para ver el lado esperanzador de la vida, incluso cuando el panorama es sombrío.

Las nuevas investigaciones demuestran que las personas pueden aprender habilidades que les ayudan a experimentar emociones más positivas frente a la grave amenaza de las enfermedades provocadas por el estrés de la vida.

Judith T. Moskowitz, profesora de ciencias sociales y medicina en la Universidad Northwestern Feinberg School of Medicine en Chicago, desarrolló un conjunto de ocho habilidades para ayudar a fomentar las emociones positivas.

Un objetivo importante de estas habilidades es ayudar a que la gente se sienta feliz, tranquila y satisfecha en medio de una crisis de salud. Las mejoras en su salud y la longevidad son una ventaja. Para su buen funcionamiento es necesario aprender al menos tres de las ocho habilidades y practicar una o más cada día.

Las ocho habilidades son:

  • Reconocer una cosa positiva que te haya pasado cada día. Pueden ser cosas cotidianas o de poca importancia relativa.
  • Saborear esa circunstancia, registrarla en un diario o comentarla con alguien.
  • Iniciar un diario de gratitud diaria.
  • Haz una lista de tus fortalezas personales y analiza la forma en que las empleas.
  • Establece un objetivo alcanzable y ten en cuenta tus progresos.
  • Realiza una lista de las situaciones que te crean estrés y analiza como evaluarlas desde una óptica positiva.
  • Reconoce y practica pequeños actos de bondad cada día.
  • Práctica la atención, centrándote en el aquí y ahora y no el pasado o en el futuro.

La Dra. Moskowitz dijo que para realizar la lista se inspiró en las observaciones de que las personas con SIDA, diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas vivían más tiempo si manifestaban emociones positivas. “El siguiente paso era ver si enseñar a la gente las habilidades que fomentan las emociones positivas podían tener un impacto en la forma de comportarse frente al estrés y en la mejora de su salud.”

Ella persigue como objetivos mejorar la calidad de vida de los pacientes, aumentar la respuesta a la medicación, el fomento de comportamientos saludables y la construcción de los recursos personales que resulten en conseguir un mayor apoyo social y en prestar más atención a las cosas buenas de la vida.

En un estudio realizado con más de 4.000 personas mayores de 50 años publicado el año pasado en la revista Journal of Gerontology, Becca Levy y Avni Bavishi de la Yale School of Public Health han demostrado que tener una visión positiva del envejecimiento puede tener una influencia beneficiosa sobre los resultados de salud y la longevidad . El Dr. Levy dijo que dos posibles mecanismos podían ser los responsables de los resultados:

  • Psicológicamente, una visión positiva puede mejorar la confianza en las habilidades de uno mismo, disminuir el estrés percibido y fomentar comportamientos saludables.
  • Fisiológicamente, las personas con una visión positiva del envejecimiento tenían niveles más bajos de proteína C reactiva -un marcador de inflamación relacionado con el estrés y asociado con enfermedades cardiovasculares- incluso teniendo en cuenta las posibles influencias como la edad, estado de salud, el sexo, la raza y la educación de los que tienen una perspectiva negativa. También vivieron significativamente más tiempo.

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