Osteoartritis post-traumática 

osteoartritis

Las lesiones articulares producidas por un traumatismo, independientemente de que haya lesión de la superficie articular o no, ocasionan un proceso inflamatorio de la articulación conocido como artritis post-traumática (APT). Este tipo de artritis aguda puede ocurrir a cualquier edad y afectar cualquier articulación, y si no se trata adecuadamente puede dar lugar a un problema crónico años más tarde: la osteoartritis post-traumática.

La artritis post-traumática representa aproximadamente el 12 por ciento de todos los casos de osteoartritis en EEUU.

Se desarrolla a partir de un traumatismo físico agudo pudiendo ser ocasionado por la práctica deportiva, por un accidente de coche o por una caída.

 Un único trauma es suficiente para causar dicha artropatía, aunque múltiples lesiones y un exceso de peso corporal aumentan el riesgo. Como consecuencia inmediata del traumatismo, se producen cambios biomecánicos, moleculares y celulares en el cartílago y en el resto de las estructuras de la articulación. A continuación, se inicia una fase aguda post- traumática que va acompañada de síntomas propios de una inflamación aguda como edema, derrame sinovial, dolor y, en ocasiones, hemorragia interna. Esta fase inflamatoria puede resolverse espontáneamente en un periodo de 2-3 meses. Sin embargo, la inflamación puede persistir en el tiempo, durante un periodo de latencia asintomática. Esta fase crónica que puede durar años desde la lesión podría conducir a una artrosis crónica (osteoartritis post-traumática, OAPT) o a otras artritis crónicas (figura 1).

 

En la fase aguda, inmediatamente posterior al trauma, aparece edema del cartílago ocasionado por una ruptura de los componentes de la MEC. Se produce una pérdida rápida de glicosaminoglicanos (GAG), así como la liberación y degradación de colágeno de tipo II. Este último se observa en el líquido sinovial después de la lesión articular y permanece presente durante varios años después de la lesión contribuyendo probablemente en el desarrollo de una artritis crónica post-traumática. Por otro lado, la disminución de GAG predispone a una necrosis celular, que reduce el número de condrocitos, mediadores de la homeostasis del cartílago, y dificulta, por tanto, la reparación y regeneración del mismo.

La respuesta inflamatoria ocasionada por la lesión articular incluye la producción de citoquinas pro- y antiinflamatorias. A las 24 h de la lesión, el líquido sinovial presenta altos niveles de citoquinas proinflamatorias como IL-1ß, IL-6, IL-8 and TNFα. Por otro lado, se han observado niveles elevados de citoquinas antiinflamatorias, como la IL-10, en las dos semanas después de la lesión, disminuyendo posteriormente. La IL-10 parece tener un papel condroprotector frente a los efectos inflamatorios además de estar asociada con los efectos beneficiosos del ejercicio.

 

Un desequilibrio entre las citoquinas pro- y antiinflamatorias en la fase aguda es uno de los factores que pueden conducir a la perpetuación de la inflamación en el tiempo.


Además de la gravedad de la lesión inicial, la repetición de macro- o microlesiones que promueven la activación continua de ciclos inflamatorios son factores adicionales que pueden determinar la persistencia de la inflamación. Otros factores que aumentan el riesgo de degeneración articular post-traumática son el tipo de articulación afectada, siendo mayor el riesgo en tobillo frente a rodilla; las irregularidades residuales en la superficie articular como consecuencia de una fractura intraarticular, o la inestabilidad de la articulación. La edad también parece ser un factor de riesgo debido a que la habilidad de los condrocitos para reparar el cartílago articular va disminuyendo con el tiempo. Varios estudios han demostrado que los individuos mayores de 50 años tienen entre dos y cuatro veces más riesgo de desarrollar OAPT después de una fractura intraarticular de rodilla que personas de menor edad.

Los deportistas de élite o las personas que realizan ejercicio de alto rendimiento de manera habitual están expuestos a un mayor riesgo de lesiones articulares. Las lesiones deportivas más comunes que aumentan el riesgo de desarrollar OAPT son la rotura de ligamento cruzado anterior, desgarro meniscal, luxación de hombro, dislocación rotuliana y la inestabilidad del tobillo.

 

El tratamiento adecuado del proceso inflamatorio agudo que se desencadena tras un traumatismo es fundamental para la prevención de una degeneración articular post-traumática.

 

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                                                                                                                       *Bibliografía y Referencias.