Inflamación articular: prevención y tratamiento mediante el enriquecimiento de la dieta II.

Segunda parte.

La inflamación es un proceso fisiológico complejo, desencadenado normalmente por el organismo como mecanismo de defensa frente a un estímulo adverso. Aunque entre sus funciones principales está la reparación del tejido dañado, en ciertos casos el proceso inflamatorio no se resuelve correctamente, y evoluciona a un proceso crónico que provoca daño persistente del tejido diana como el cartílago de las articulaciones.

Diversos estudios clínicos llevados a cabo con agentes antiinflamatorios naturales como las enzimas sistémicas, algunos extractos vegetales, bioflavonoides, ácidos grasos ω-3 y vitaminas C,D y E han denotado su utilidad en el proceso inflamatorio por lo que podrían ser beneficiosos en el alivio de los síntomas y signos presentes en las artritis. 

 

Ácidos grasos poliinsaturados ω-3.

 Los ácidos grasos ω-3 son antiinflamatorios de origen natural que actúan principalmente como inhibidores en la síntesis de los mediadores inflamatorios del grupo de los eicosanoides. Pueden ser sintetizados en el organismo a partir del ácido graso esencial α-linolénico (ALA). Sin embargo, esta biosíntesis es un proceso de baja eficiencia metabólica en el adulto por lo que su obtención a partir de la dieta resulta beneficiosa. Los AGPICL ω-3 están presentes especialmente en pescados grasos o azules.

omega 3 como antiinflamatorio

Pecado azul

 

 

Tienen una función estructural al localizarse mayoritariamente en los fosfolípidos de las membranas celulares, donde al aportar fluidez a las membranas y antagonizar la rigidez del colesterol permiten el transporte bidireccional de las moléculas. Asimismo, tienen una función molecular indirecta puesto que son precursores de los eicosanoides y docosanoides, mediadores de la respuesta inflamatoria( fig.1 ). A diferencia de los ácidos grasos ω -6, precursores de las series 2 y 4 de eicosanoides con acción proinflamatoria, a partir de EPA y DHA se sintetizan mediadores cuya acción es predominantemente antiinflamatoria (serie 3 y serie 5). Además, recientemente se han descrito nuevos mediadores (resolvinas, protectinas y maresinas) sintetizados a partir de EPA y DHA que presentan una acción antiinflamatoria y que ayudan en la resolución del proceso inflamatorio agudo (ver también figura 2) (Lopez, 2012a).

 

Figura 2. Biosíntesis de los mediadores proinflamatorios y antiinflamatorios derivados de eicosanoides y do-cosanoides. 

antiinflamatorios

mediadores pro y antiinflamatorios

 

Por otro lado, se sabe que los ácidos grasos DHA y EPA ejercen una acción antagonista sobre el metabolismo del ácido araquidónico donde además de disminuir la disponibilidad del mismo como precursor, también inhiben las enzimas 5-lipooxigenasa (5-LOX) y ciclooxigenasa-2 (COX-2) responsables de la síntesis de leucotrienos, prostaglandinas y tromboxanos (ver figura 2).

En varios estudios controlados y aleatorizados se ha demostrado el efecto beneficioso de los ácidos grasos ω-3 en la artritis reumatoide, evaluado según la rigidez matinal, la reducción del número de articulaciones con edema o sensibles, la reducción del dolor articular, la reducción del tiempo hasta fatiga o la disminución del uso de AINEs para el control de los síntomas y signos (Lorente- Cebrián et al., 2015; Rajaei et al., 2016). En un estudio controlado con placebo y doble ciego, se detectó que la suplementación con EPA y DHA (2,2g/día) reducía el uso diario de AINEs en más de un tercio de los pacientes con AR, sin empeorar el curso ni la actividad de la enfermedad (Galarraga et al., 2008)

Los ácidos grasos ω-3 son precursores de mediadores lipídicos antiinflamatorios por lo que su ingesta puede favorecer el alivio de los síntomas y signos propios de los procesos inflamatorios. 

 Vitaminas 

Otros nutrientes relevantes en la inflamación articular son las vitaminas, caracterizadas por su potente actividad antioxidante que protege el cartílago articular, además de la acción antiinflamatoria.

a) Vitamina C 

La vitamina C es una vitamina hidrosoluble que se encuentra en numerosos alimentos, principalmente de origen vegetal como frutas y verduras. El escaramujo destaca por ser una de las fuentes más ricas en vitamina C. Su potente acción antioxidante resulta esencial en la prevención del estrés oxidativo puesto que reduce los radicales hidroxilos, principales responsables del daño celular. Además, también está implicada en la regeneración de otros antioxidantes como la vitamina E. A nivel de la MEC, la vitamina C actúa como coenzima en la hidroxilación de prolina y lisina, esencial en la síntesis del colágeno. Además, parece estimular otras rutas metabólicas en los condrocitos como la síntesis de proteoglicanos (Lopez, 2012b).

La suplementación con vitamina C en la prevención y el tratamiento de la OA , así como su acción analgésica en dolores crónicos ha sido evidenciada en varios estudios clinicos (Jensen- 2003 , Carr & McCall-2017 , Zollinger, Unal, Ellis, & Tuinebreijer-2010)

b) Vitamina D 

La vitamina D principalmente se sintetiza en la epidermis como consecuencia de la exposición a la radiación ultravioleta B del sol que transforma el derivado de colesterol (7-dehidrocolesterol) en la vitamina D3. Esta forma también puede ser obtenida a partir de la dieta, y en suplementos. A nivel hepático, la vitamina D3 es hidroxilada (25-hidroxivitamina D3) y es en el riñón donde se sintetiza la forma activa (1,25-dihidroxivitamina D3). Una de las principales funciones de la vitamina D es el mantenimiento de los niveles adecuados de calcio en plasma, al favorecer la absorción intestinal de este mineral. Por otro lado, la vitamina D tiene un papel como inmunoregulador en la reducción de la inflamación actuando sobre células inmunitarias como linfocitos, macrófagos o células dendríticas a través de su receptor de vitamina D. Su activación parece que interfiere en las rutas de factores de transcripción nucleares como el de los linfocitos T activados (NFAT, por sus siglas en inglés) y NF-kB, bloqueando la respuesta celular frente a las citoquinas proinflamatorias TNF-α y IL-1 y permitiendo un aumento de la citocina antiinflamatoria IL-10 (Garfinkel, Dilisio, & Agrawal, 2017).

En el cartílago articular, la vitamina D ha mostrado un efecto directo en la estimulación de la síntesis de PG por parte de los condrocitos (Wang et al., 2004). La deficiencia de vitamina D supone un factor de riesgo para padecer artrosis y una disminución del grosor del cartílago está probablemente asociado a unos niveles de vitamina D insuficientes (Garfinkel et al., 2017). Por tanto, la ingesta adecuada de vitamina D podría ayudar en la prevención o retraso de la degeneración articular, propia de la artrosis.

c) Vitamina E 

La vitamina E es el nombre colectivo para un sistema de ocho tocoferoles y tocotrienoles relacionados, que son vitaminas liposolubles. De éstos, α-tocoferol es el más estudiado, por su alta biodisponibilidad siendo la forma que el cuerpo preferentemente absorbe y metaboliza. Es un potente antioxidante que inhibe la peroxidación lipídica al capturar radicales libres liberados durante el proceso inflamatorio, entro otros. En consecuencia, la vitamina E parece tener un papel protector en los condrocitos frente al daño oxidativo. El efecto antiinflamatorio de la vitamina E probablemente se deba a la supresión de la formación de prostaglandinas y leucotrienos (Jiang, 2014).

Varios estudios han denotado un efecto beneficioso de la vitamina E en el alivio sintomático de la artrosis, administrada por periodos cortos.

 

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Bibliografía y Referencias.