Inflamación articular: prevención y tratamiento mediante el enriquecimiento de la dieta I.

Primera parte.

La incorporación de diversos nutrientes en la dieta, o como suplementos, podría tener un beneficio en la prevención y tratamiento de la inflamación articular, tal y como lo han evidenciado varios estudios clínicos.

En el cuadro siguiente se muestran los principales mecanismos de acción de estos nutrientes en su función antiinflamatoria

Tabla 1. Principales mecanismos de acción de enzimas proteasas, extractos vegetales y ácidos grasos omega-3. 

 

– Enzimas sistémicas

Las enzimas sistémicas son enzimas proteasas o también conocidas como enzimas proteolíticas o peptidasas cuya acción enzimática es la hidrólisis de péptidos. Estas enzimas pueden tener un origen vegetal o animal. Las de origen vegetal son mayoritariamente proteasas de cisteína entre las que se encuentran la bromelina y la papaína. La bromelina se obtiene a partir del tallo de la planta de la piña (Ananas comosus) siendo diferente de las proteasas encontradas en la fruta. Otro extracto enzimático de origen vegetal ampliamente usado es la papaína, obtenida del líquido de la fruta verde del árbol tropical de papaya (Carica papaya).

Las proteasas de origen animal son principalmente proteasas de serina como la tripsina y la quimiotripsina. La tripsina es una enzima pancreática de origen porcino mientras que la quimiotripsina es de origen bovino.

La terapia enzimática sistémica (TES) consiste en el uso de estas enzimas por vía oral con el propósito primario de prevenir o aliviar la inflamación. La actividad biológica de las proteasas es debida a su actividad hidrolítica y a la unión con las antiproteasas. Es este último mecanismo de acción por el que parece que las proteasas ejercen su función antiinflamatoria y analgésica. Una vez las proteasas llegan al torrente sanguíneo, se unen a la proteína alfa 2-macroglobulina (a2M), una glicoproteína plasmática de peso molecular elevado que actúa como inhibidor de proteasas (LaMarre, Wollenberg, Gonias, & Hayes, 1991). La unión de ambos provoca un cambio en la conformación de a2M de tal forma que queda libre el sitio de unión a proteínas de menor tamaño como las citoquinas. La unión de estas, así como de proteínas y glicoproteínas dañadas al complejo a2M-proteasa activado es irreversible (figura 1) (French, Yerbury, & Wilson, 2008). Estos complejos activados son eliminados del torrente sanguíneo mediante su reconocimiento por parte de los correspondientes receptores mediadores de endocitosis (a2M-R) presentes a nivel hepático, pero también expresado en macrófagos (Mettenburg & Gonias, 2005). De esta forma, el complejo activado de a2M-proteasa tendría una acción reguladora sobre el proceso inflamatorio puesto que restablece los niveles de citoquinas adecuados para una respuesta inflamatoria normal y una reparación óptima del tejido.

Figura 1.

 

Las enzimas sistémicas (bromelina, papaína, tripsina, quimiotripsina) ejercen su acción antiinflamatoria formando un complejo con la glicoproteína plasmática alfa 2-macroglobulina que favorece la eliminación del exceso de citoquinas y restableciendo su equilibrio.

La utilidad potencial de la terapia enzimática sistémica ha sido testada en  estudios clínicos en reumatología, traumatología,  ginecología, urología, circulación sanguínea, coagulación y medicina deportiva. En un metaanálisis de 6 ensayos clínicos en pacientes con artrosis de rodilla, se observó que la TES puede aliviar del dolor y mejorar la funcionalidad articular de manera similar a los analgésicos utilizados habitualmente. Sin embargo, TES se asoció a mejor tolerabilidad y a menos interrupciones de la pauta de tratamiento (Ueberall, Mueller- Schwefe, Wigand, & Essner, 2016).

– Extractos vegetales con acción antiinflamatoria.

a) Curcumina

La curcumina es un compuesto polifenólico presente en la especie india cúrcuma que se obtiene del rizoma de la planta Curcuma longa. De los tres principales curcuminoides presentes en la cúrcuma, la curcumina es la más abundante (77%) y la que posee mayor actividad biológica. En concreto, la curcumina tiene propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antitumorales. Una de las principales dianas moleculares de la curcumina es el factor de transcripción nuclear kB (NF-kB, por sus siglas en inglés nuclear factor kB), reduciendo su actividad al mantenerlo unido a su inhibidor (IkB) e impedir su entrada en el núcleo celular. Como consecuencia de la inactivación de NF-kB, la curcumina disminuye la expresión de los productos genéticos de esta ruta, como es la enzima ciclooxigenasa-2 (COX-2)).Además suprime la expresión de otras enzimas como la lipooxigenasa (LOX) o la óxido nítrico sintasa inducible (iNOS, por sus siglas en inglés) y de diversas citoquinas (TNFα, IL-1, IL-6) (Rohanizadeh, Deng, & Verron, 2016).

La curcumina parece aportar beneficios a la persona con osteoartritis por su acción antiinflamatoria a nivel articular y por sus propiedades anticatabólicas que disminuyen la degradación de la matriz extracelular mediante la supresión de varios mucoproteoglicanos. Además, las propiedades antioxidantes de la curcumina reducen la formación de especies reactivas de oxígeno y nitrógeno, responsables de la degradación del cartílago y de la instauración del proceso inflamatorio en el largo plazo (Rohanizadeh et al., 2016). En un estudio clínico realizado en pacientes con artrosis de rodilla, la curcumina redujo el dolor y mejoró las condiciones físicas de los pacientes (Panahi et al., 2014). Similares resultados se han hallado en estudios parecidos realizados en pacientes con distintos procesos inflamatorios de las articulaciones (Ross, 2016)(Daily, Yang, & Park, 2016).

b) Ácidos boswéllicos

Los ácidos boswéllicos son ácidos triterpénicos pentacíclicos, que se obtienen de la gomo-oleoresina de la corteza del árbol Boswellia serrata, originario de las zonas trópicales de África y Asia. El ácido boswéllico presenta acción antiinflamatoria al inhibir de forma específica la 5-lipooxigenasa, enzima clave en la síntesis de mediadores inflamatorios como el ácido 5-hidroxieicosatetraenoico (5- HETE) y leucotrieno B4 (LTB4). Además,inhibe la elastasa leucocitaria humana, enzima que hidroliza el colágeno de tipo IV y la elastina de la matriz extraacelular por lo que parece resultar beneficioso en la osteoartritis (N. Akhtar & Haqqi, 2012). Se ha observado que Boswellia puede tener un efecto beneficioso sobre rodillas artrósicas, contribuyendo a disminuir el dolor y el edema y aumentando el rango de movimientos de la articulación (N. Akh-tar & Haqqi, 2012). Por otro lado, el uso combinado de Boswellia serrata con curcumina disminuyó también el dolor articular, la sensibilidad y el edema en pacientes con osteoartritis de rodilla (Ameye & Chee, 2006).  El beneficio del uso conjunto de extracto de cúrcuma y boswellia parece deberse a una acción antiinflamatoria sinérgica en la inhibición de la lipooxigenasa-5.

Los antiinflamatorios naturales actúan sobre varias dianas moleculares regulando diferentes vías de señalización del proceso inflamatorio, lo que podría explicar, además de sus beneficios para el alivio de síntomas y signos de inflamación, que sean bien tolerados, en general (figura 2) (Maroon, Bost, & Maroon, 2010). 

Figura 2. Antiinflamatorios que actúan en la ruta del ácido araquidónico.

 

c) Harpagósido

El harpagósido, es un glucósido iridoide que se encuentra en el tubérculo de la planta de origen africano, Harpagophytum procumbens, también conocida como garra del diablo. La actividad antiinflamatoria del harpagósido se debe a su acción inhibitoria sobre la producción de PGE2 mediada a través de iNOS y COX- 2 o la liberación de leucotrienos. También inhibe mediadores implicados en la destrucción del cartílago como TNFα, IL-1β, IL-6 u óxido nítrico. Adicionalmente, se han descrito efectos antiinflamatorios debido a la supresión de la activación de factor de transcripción NF-kB (Huang et al., 2006). El extracto de la planta Harpagophytum procumbens, que además de los glucósidos iridoides contiene otros componentes como ázucares, fitosteroles (β-sitosterol), triterpenoides y flavonoides (luteolina y kaempferol), ha mostrado una actividad antioxidante complementaria que puede ser beneficiosa en el control de la inflamación que aparece en la osteoartritis (N. Akhtar & Haqqi, 2012).  Por otro lado, la acción antiinflamatoria de la curcumina y el harpagósido probablemente se deba a la inhibición de la ruta del factor de transcripción nuclear kB. Dado que ambos ejercen su acción sobre la misma diana, su uso conjunto podría tener un efecto sinérgico, potenciando su acción antiinflamatoria y protectora del cartílago articular.

d) Bioflavonoides

Los bioflavonoides son compuestos pigmentosos de tipo polifenólico que se encuentran ampliamente distribuidos en numerosas frutas y verduras (tabla 2). Se les atribuye propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Su acción antioxidante es debida a su capacidad para capturar especies reactivas de oxígeno, activar enzimas antioxidantes y quelar metales que catalizan el estrés oxidativo. Su actividad antiinflamatoria se debe a la inhibición de la síntesis de mediadores proinflamatorios como citoquinas y eicosanoides. Además, a nivel del tejido conectivo, promueven la fortaleza de la matriz extracelular y mejoran la circulación sanguínea local (Teixeira, 2002). Por ello, estos agentes naturales resultan de gran interés en la prevención y el alivio de procesos inflamatorios que aparecen en el contexto de inflamación de bajo grado, en enfermedades crónicas y en la obesidad. También, hay evidencia del efecto beneficioso de la quercetina sobre la inflamación articular, en particular de la gota puesto que se ha observado que inhibe la enzima xantino oxidasa previniendo así la acumulación de ácido úrico (Ahmad, Farman, Najmi, Mian, & Hasan, 2008).

Tabla 2. Bioflavonoides con actividad antiinflamatoria y sus fuentes 

antiinflamatorios

 

Los bioflavonoides presentes en muchas frutas y verduras tienen una potente actividad antioxidante y antiinflamatoria que podría resultar beneficiosa en la prevención y tratamiento de la inflamación articular crónica y en procesos inflamatorios de bajo grado.

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Bibliografía y Referencias.