Digestión, transporte y metabolismo de los lípidos.

Digestión y absorción de los lípidos de los alimentos.

Los lípidos de la dieta , principalmente los triglicéridos y, en menor proporción, el colesterol, son digeridos inicialmente y de forma parcial en el tracto gastrointestinal por la acción de las enzimas lipasas, bucal y gástrica. A continuación, las sales biliares emulsionan los lípidos facilitando la acción de la lipasa pancreática y su posterior absorción en forma de micelas mixtas en el intestino delgado. El intestino absorbe el 100% de los triglicéridos, mientras que el colesterol que proveniente de la dieta se absorbe en un 40%, aproximadamente. En la mucosa intestinal del duodeno, los triglicéridos y el colesterol de la dieta, se ensamblan con las apoproteínas apo-A y apo-B48 constituyendo los quilomicrones que pasan a la circulación linfática y son las lipoproteínas responsables de transportar en sangre los triglicéridos de origen exógeno (figura 1).

Figura 1. Digestión y absorción de los lípidos 

 

 Transporte de los lípidos en sangre y metabolismo de las lipoproteínas

Los lípidos son insolubles en el plasma sanguíneo, por lo que circulan en la sangre en forma de complejos hidrosolubles conocidos como lipoproteínas. Las lipoproteínas están constituidas por un núcleo apolar de triglicéridos y colesterol esterificado y una cubierta soluble de fosfolípidos, colesterol y proteínas (apoproteínas) (figura 2).

Figura 2. Composición de las lipoproteínas 

 

La densidad de las lipoproteínas se debe a la proporción relativa de lípidos y proteínas cuya composición varia por el intercambio de lípidos y apoproteínas que sufren. Los principales tipos de lipoproteínas, clasificadas según su densidad y contenido lipídico se resumen en la tabla 1 (“IMC | Instituto del Metabolismo Celular,” n.d.).

Los quilomicrones son las lipoproteínas más ricas en lípidos y son las responsables de transportar en la sangre los triglicéridos de origen dietético. La lipoproteína de muy baja densidad (VLDL) transporta los triglicéridos endógenos sintetizados en el hígado. El aumento en sangre de los quilomicrones y las VLDL, elevan las concentraciones circulantes de triglicéridos después de las comidas grasas (hipertrigliceridemia posprandial) o en ayunas. Ambas presentan en su superficie la apoproteína C por la que son reconocidas por la enzima lipoproteína lipasa (LPL), que hidroliza los triglicéridos en ácidos grasos y glicerol. Esta enzima está presente en el endotelio celular de adipocitos donde los ácidos grasos libres son almacenados, y en células musculares, donde el aporte de ácidos grasos se emplea para la producción de energía). Los restos de VLDL, se convierten en las lipoproteínas de densidad intermedia (IDL), de las cuales un 50% son retiradas del plasma a través de apo E al igual que los quilomicrones remanentes. La otra parte de las IDL se transforma en las lipoproteínas de baja densidad (LDL) al perder la apo E, convirtiéndose en las lipoproteínas responsables de transportar el colesterol a las células (figura 3).

 

Tabla 1. Tipos de lipoproteínas

Por otro lado, las lipoproteínas de alta densidad (HDL), sintetizadas en el hígado, se encargan del transporte inverso del colesterol, desde los tejidos hasta el hígado donde se elimina. Las HDL, reconocidas por las células por la apoproteína apo A1, captan el colesterol libre de la célula y mediante la enzima lecitina colesterol acil transferasa (LCAT), lo esterifica con los ácidos grasos, situándolos en el núcleo de la lipoproteína y produciéndose así las HDL de mayor densidad. Estas HDL maduras son retiradas del torrente sanguíneo en el hígado.

 

 Figura 3. Papel de las lipoproteínas en el transporte de lípidos exógenos y endógenos.

 

Colesterol bueno y colesterol malo.

El colesterol unido a las lipoproteínas LDL, es el conocido como “malo”, puesto que sus niveles elevados promueven la formación de placas ateroscleróticas. Por otro lado, las lipoproteínas HDL, cuyo colesterol reciben el indicativo de “bueno”, tienen más afinidad por el colesterol que las LDL, lo que favorece su captación en los tejidos y su transporte al hígado para su eliminación (“Fundación Española del Corazón,” n.d.).

 

El tejido adiposo y su metabolismo.

Una de las principales funciones del tejido adiposo es la regulación de las reservas energéticas mediante la lipólisis y lipogénesis (figura 4).

 

 Figura 4. Resumen del metabolismo de los lípidos 

 

 Obtención de la energía. 

Mediante la lipólisis, los triglicéridos son hidrolizados en ácidos grasos y glicerol por la acción de las lipasas en el tejido adiposo. Estas enzimas se activan en presencia de ciertas hormonas como la adrenalina y el glucagón, y se inhiben en presencia de la insulina. Los ácidos grasos libres son transportados por la albúmina al músculo para la obtención de energía a partir de ellos. Una vez en el interior celular, los ácidos grasos son activados formando acil- CoA. A continuación, son transportados al interior de la mitocondria con la ayuda de la L-carnitina donde tiene lugar la β-oxidación. En este proceso oxidativo, los ácidos grasos se convierten en acetil-CoA, sustrato del ciclo de Krebs que posteriormente generará energía en forma de ATP (adenosin trifosfato). La β-oxidación consiste en 4 reacciones de oxidación y se genera también las coenzimas reducidas NADH (forma reducida de nicotinamida adenina dinucleótido) y FADH2 (forma reducida de flavín adenín dinucleótido) que participan en la cadena respiratoria (figura 5)

 

Figura 5. Obtención de la energía en forma de adenosin trifosfato (ATP) a partir de los ácidos grasos 

 

Formación de reserva energética. 

 Ante un exceso de energía procedente de la dieta, el organismo genera una cantidad de ATP superior a la demanda del organismo. Este exceso de ATP se aprovecha para sintetizar ácidos grasos mediante la lipogénesis de novo. El sustrato inmediato es el acetil-Co A, suministrado principalmente por la degradación de la glucosa proveniente de la dieta. Posteriormente los ácidos grasos formados se esterifican con el glicerol para formar los triglicéridos que se acumulan en el tejido adiposo (figura 4). Los triglicéridos son una forma de reserva más eficiente que los carbohidratos por su mayor densidad energética.

 Tipos de tejidos adiposos. 

 El tejido adiposo está compuesto por dos tipos, el tejido adiposo blanco y el tejido adiposo pardo. El tejido adiposo blanco es el principal reservorio energético y sus adipocitos contienen una única gota lipídica que ocupa el 90% del volumen (figura 6). En el ser humano se diferencian dos depósitos principales de tejido adiposo blanco: subcutáneo y abdominal . Los adipocitos del tejido adiposo abdominal son metabólicamente más activos y presentan una mayor sensibilidad a la lipolisis y una mayor resistencia a la insulina debido a una menor densidad de receptores de insulina en comparación con el tejido adiposo subcutáneo

 

 

 Figura 6.

 El tejido adiposo pardo está formado por adipocitos pardos y células progenitoras de adipocitos. El adipocito pardo contiene múltiples y pequeñas gotas lipídicas y numerosas mitocondrias (figura 6). Este tipo de tejido adiposo está localizado en depósitos de la región cervical, supraclavicular y paravertebral entre otras. Está especializado en el gasto energético en forma de termogénesis a través de la proteína mitocondrial desacoplante 1 (UCP-1), por la que genera calor a partir de los ácidos grasos. Según estudios recientes repercute en el metabolismo lipídico reduciendo los triglicéridos y en el metabolismo glucídico por su elevada captación de glucosa. Depósitos pequeños y una reducida actividad del tejido adiposo marrón están asociados con una mayor susceptibilidad a acumular tejido adiposo blanco, aumentar el peso corporal y a un mayor riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a la obesidad. Por otro lado, se ha descrito un proceso de “pardeamiento” del tejido adiposo blanco subcutáneo inducido con el ejercicio físico. Se debe a la aparición de acúmulos de adipocitos denominados beige.

Los triglicéridos son la reserva energética del organismo. Se almacenan en el tejido adiposo que se encarga de su regulación mediante la lipólisis, para obtener energía, o mediante la lipogénesis para su almacenamiento. De los dos tipos de tejido adiposo que existen, el blanco es el principal reservorio energético mientras que el pardo está implicado en el gasto energético mediante la termogénesis. 

La intervención nutricional puede ayudar a corregir un perfil de lípidos alterado y a prevenir el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a ello. En nuestro folleto encontrará una selección de complementos alimenticios que pueden ser especialmente útiles en la dislipidemia.

nutrientes en el control lipidico

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 Bibliografía y referencias.