Cómo ayudar a recuperar el equilibrio del organismo en periodos de estrés.

Todos hemos vivido momentos o situaciones de estrés alguna vez en nuestras vidas. En el ajetreado día a día, nos vemos presionados para seguir muchas directrices a la vez. Tenemos responsabilidades en nuestra vida social, en la familia y en el trabajo, y a veces simplemente nos superan. Es entonces cuando nuestro cuerpo comienza a hacernos saber que estamos sintiendo el estrés de nuestro devenir diario.

Pero no todo el estrés es contraproducente: la respuesta inmediata que el cuerpo tiene frente al estrés en pequeñas dosis nos permite superar retos y miedos. Además, también nos prepara para defendernos, para estar en alerta, y esto en el mundo animal puede significar salvar la vida.

 

La reacción más conocida al estrés es la de “lucha o fuga” que surge cuando se percibe una amenaza. En ese caso, la reacción al estrés hace que la glándula pituitaria aumente la secreción de una hormona denominada ACTH (hormona adrenocorticotropa) y nuestro cerebro lo interpreta como una señal de alarma. Esta señal indica a las glándulas suprarrenales que liberen al torrente sanguíneo las hormonas del estrés, como la adrenalina y el cortisol. Estas hormonas provocan una serie de cambios en nuestro cuerpo: aceleración de los latidos del corazón, aumento de la presión sanguínea, alteración del sistema inmunitario e inhibición del sistema digestivo. Una vez que esta amenaza desaparece, los niveles de adrenalina y cortisol del torrente sanguíneo disminuyen y las funciones corporales regresan a la normalidad.

 

Pero el manejo del estrés puede resultar complicado y confuso. Según la American Psychological Association, existen 3 tipos diferentes de estrés: estrés agudo, estrés agudo episódico y estrés crónico. Cada uno cuenta con sus propias características, síntomas, duración y enfoques de tratamiento.

 

  • El estrés agudo es la forma de estrés más habitual, como por ejemplo un estudiante en época de exámenes, un candidato en un proceso de selección para un nuevo puesto, una persona que ha sufrido un pequeño accidente, etc. En este caso la respuesta de estrés ocurre y termina en el corto plazo, permitiendo al organismo autorregularse y evitando la generación de grandes daños como los que puede causar el estrés a largo plazo.

 

  • El estrés agudo episódico es aquel que se da en personas con estrés agudo frecuente. Las personas que más sufren este tipo de estrés son aquellas que, por ejemplo, no han establecido una rutina que ordene sus vidas o no son capaces de establecer límites. Estas situaciones causan que muchas veces se agobien por no poder lidiar con todos los frentes que tienen abiertos. Como consecuencia, las personas que padecen estrés agudo episódico suelen sentir ansiedad y ser muy irritables. Esto les lleva a ser hostiles y no poder evitar estar malhumoradas.

 

  • El estrés a largo plazo o crónico surge cuando una persona nunca ve una salida a una situación determinada. Las causas más comunes de estrés crónico están relacionadas con situaciones cotidianas que no son fáciles de cambiar. Por ejemplo, problemas de trabajo, problemas de salud o problemas económicos. Si frecuentemente nos enfrentamos a desafíos, el cuerpo de manera constante produce un nivel más elevado de hormonas de estrés y no tiene tiempo de recuperarse. La concentración de estas hormonas en la sangre se ve alterada y, con el tiempo, pueden causar serios problemas de salud.

 

La capacidad de manejar el estrés varía de una persona a otra. La forma en que cada individuo percibe una situación, así como el estado de salud física general, son dos de los factores principales que determinan cómo vamos a reaccionar ante un acontecimiento estresante o estrés frecuente.

 

 

 ¿Cómo afecta el estrés a nuestra salud?

Los cambios en el cuerpo que ocurren durante los momentos de estrés pueden ser muy beneficiosos cuando ocurren en un corto periodo. Pero cuando esto sucede durante mucho tiempo, la producción excesiva de las hormonas de estrés puede perjudicar su salud. El estrés crónico causa desgaste y deterioro corporal, llegando a incluir las siguientes consecuencias:

 

  • Sistema digestivo:Disminuye el flujo sanguíneo y por consiguiente la absorción de nutrientes, lo que provoca una merma del metabolismo.
  • Obesidad:Aumento del apetito, lo cual contribuye al incremento de peso. El sobrepeso o la obesidad conlleva un riesgo de contraer diabetes o enfermedades cardiovasculares.
  • Sistema inmunitario:Debilitamiento del sistema inmunitario permitiendo estar más vulnerables a sufrir más resfriados y otras infecciones.
  • Sistema nervioso:Ansiedad, depresión, pérdida de sueño y falta de interés en actividades físicas. La memoria y la capacidad de decidir pueden verse afectadas.
  • Sistema cardiovascular:Aumento de la presión sanguínea, frecuencia cardiaca y lípidos en sangre (colesterol y triglicéridos), así como elevación del nivel de glucosa en sangre ya que el cortisol inhibe la liberación de insulina. Todos estos efectos son factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares (aterosclerosis, derrames…), obesidad y diabetes.

 

Para identificar la raíz del estrés y su forma de manejarlo, lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional de la salud para su tratamiento.

 

 

 

 

Penny Kendall-Reed, una reputada Médico Naturista de la Wellness Clinic de Toronto (Canadá), señala que “Existen diferentes causas que provocan el estrés. Existe el estrés emocional, el estrés físico, el estrés mental… pero todos crean la misma respuesta a nivel físico en el cuerpo. Puede ser una discusión con tu esposa, una fecha límite en tu trabajo, una entrevista importante, que se te queme la casa, o incluso asistir a una boda o a un funeral; sea lo que sea que nos causa estrés todos tenemos un método para reaccionar al estrés positivo o negativo, y este es la secreción de glucocorticoides como la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, los cuales causan estragos en nuestro cuerpo.”

 

Para gestionar el estrés, la doctora plantea tres estrategias: la suplementación alimenticia, cambio de hábitos y estilo de vida y, cuando estas medidas no son eficaces, realizarse unas pruebas diagnósticas para determinar si los factores genéticos o ambientales están afectando a la secreción de glucocorticoides.

 

 

SUPLEMENTOS.

 La Dra. Kendall-Reed, tras valorar distintos complementos alimenticios, encontró que uno de los mejores nutrientes es el péptido Lactium®, incorporado en la composición de  Sereniten Plus. Lo que hace este complejo de aminoácidos es actuar a nivel del hipotálamo y reducir la segregación que realiza el eje hipotalámico-hipofisario -adrenal (HHA) de una hormona denominada CRH (hormona liberadora de corticotropina), la cual estimula a nuestras glándulas suprarrenales para segregar glucocorticoides.

Más importante aún, este péptido Lactium® “resetea” los receptores celulares en el hipotálamo y en la pituitaria, consiguiendo reestablecer el feedback negativo del cortisol ya que, cuando alguien sufre estrés crónico, pierde la capacidad de controlar la producción de las hormonas del estrés.

 

Usando otros aminoácidos como GABA (ácido gamma-aminobutírico), un neurotransmisor que ya está de hecho presente en nuestro cuerpo y que se encarga de proporcionar efecto sedante a nivel neuronal, también podemos reducir la segregación de hormonas del estrés por parte del eje HHA.

Por otro lado, la valeriana y pasiflora, presentes en Neurosed II™ también han demostrado su capacidad para aliviar el estrés emocional como tranquilizantes naturales.

 

ESTILO DE VIDA

 

Para combatir el estrés y sus consecuencias se recomienda también revisar nuestros hábitos y nuestro estilo de vida, buscando tener nuestro nivel de azúcar en sangre controlado ya que cuando es inestable, se traduce en estrés físico. Por ejemplo, la respuesta hormonal a un nivel bajo de glucosa en sangre incluye una rápida liberación de epinefrina y glucagón, seguida por una liberación más lenta de cortisol y hormona de crecimiento.

 

Asimismo, debemos tener en cuenta el ejercicio: está clínicamente demostrado que reduce el cortisol y aumenta la serotonina, la hormona de la felicidad, de forma inmediata. No debemos excedernos, puesto que hacer demasiado ejercicio puede tener un efecto adverso en el cuerpo- incremento del estrés oxidativo, principalmente – así que es recomendable asegurarnos de que lo hacemos en las proporciones adecuadas: de 30 a 45 minutos, de 4 a 5 veces a la semana es una cantidad de ejercicio perfecta para equilibrar nuestras hormonas del estrés y de la felicidad.

 

Otras acciones como masajes terapéuticos, respiración profunda, meditación, Tai-Chi y otras técnicas que conocemos compensan los niveles de cortisol. Y no tiene porqué ser una hora de meditación; literalmente basta con 10 respiraciones profundas: está clínicamente demostrado que baja la presión arterial y el nivel de cortisol.

 

 

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

 La tercera área que incluye la Dra. Kendall-Reed en el campo del tratamiento del estrés son los protocolos de ensayo. Existen personas que comen bien, hacen ejercicio, van a clases de yoga, y aun así siguen padeciendo ataques de ansiedad, o enfermedades cardiovasculares, u obesidad que parece no poder ser controlada. Es aquí donde entran los análisis y test genéticos para determinar si se está produciendo Adiponectina, cómo está funcionando el metabolismo, cuáles son los ritmos circadianos y la producción de melatonina (qué tal está durmiendo). Todo esto nos va a ir dando pequeñas pistas para ayudarnos a focalizar el problema.

También tenemos, por supuesto, los genes del estrés. Se sabe que algunos individuos tienen más ataques de pánico que otros porque no están respondiendo a los medicamentos. Estas personas genéticamente producen más glucocorticoides para cada estresor y, además, metabolizan más lentamente estos glucocorticoides en sus cuerpos. Sus cerebros acaban saturados y sus receptores hipotalámicos vuelven de nuevo a ir perdiendo rápidamente su capacidad para desconectarse, quedándose atrapados en su bucle de estrés.