Aspectos generales de la osteoporosis.

1. ¿Qué es la osteoporosis? 

La osteoporosis es una enfermedad crónica del esqueleto, caracterizada por la pérdida de masa ósea, el deterioro del tejido óseo y la alteración de la microarquitectura ósea. Por ello, aumenta la porosidad, debilidad y fragilidad de los huesos que se traduce en un aumento del riesgo de fracturas (figura 1).

Figura 1. Imagen de hueso normal y hueso osteoporótico

                                               Hueso normal                                            Hueso osteoporótico.

 

A diferencia de la artrosis y la artritis en las que el compromiso es más localizado en las articulaciones, con dolor con el movimiento (artrosis) y el reposo (artritis), la osteoporosis es generalizada comprometiendo huesos largos, cortos y planos, y no causa dolor.

La osteoporosis es una enfermedad crónica, indolora, silente, que afecta la calidad de los huesos y cuya principal complicación son las fracturas.

 

2. ¿Cuál es el impacto de la osteoporosis en la población general? 

Globalmente, unos 200 millones de personas tienen osteoporosis en todo el mundo (International Osteoporosis Foundation 2018). En Europa y en US, un tercio de las mujeres postmenopaúsicas sufren la enfermedad mientras que, en Europa, se estima que afectará a 30 millones de personas en el año 2050 (Ström et al., 2011).

En 2010, se calculó que 2.450.000 de personas mayores de 50 años padecían osteoporosis en España y se registraron 204.000 nuevas fracturas por fragilidad ósea. La osteoporosis y las fracturas por fragilidad ósea son un problema de salud pública. Son causa de dolor crónico, reducen la movilidad e independencia del individuo y pueden causar incapacidad permanente. Además, el riesgo de una segunda fractura se duplica en presencia de osteoporosis. Aunque la osteoporosis es cuatro veces más común en mujeres que en hombres, sus complicaciones, la discapacidad o mortalidad que la acompañan, suelen ser más frecuentes y altas en hombres (Alswat, 2017; “Osteoporosis in Men | International Osteoporosis Foundation,” n.d.)

3. ¿Cuáles son sus síntomas y signos predominantes? 

La pérdida de masa ósea es un proceso gradual e indoloro, que carece de síntomas hasta que tiene lugar la primera fractura. Por eso, la osteoporosis se considera una enfermedad silenciosa. Las fracturas y sus complicaciones son los principales signos clínicos. Las fracturas más comunes ocurren en el fémur proximal (cadera), en las vértebras (columna) o en el antebrazo distal (muñeca) aunque también pueden tener lugar en otros huesos (Cosman et al., 2014).

La mayoría de las fracturas vertebrales son asintomáticas cuando ocurren y con frecuencia, permanecen sin ser diagnosticadas durante años. Estas fracturas al ser por compresión pueden conducir a la pérdida de altura, así como a la aparición de una deformidad cifótica acompañada de dolor de espalda crónico (figura 2) (C. C. Wong & McGirt, 2013).

Figura 2.

 

                                                 Normal                                      Osteoporosis 

 

 Las fracturas en la columna provocan curvatura de la misma y reducción de la estatura del individuo.

4. ¿A quién afecta con más frecuencia? 

La osteoporosis está considerada una enfermedad que afecta a las mujeres a partir de la menopausia. Sin embargo, aquellas que padecen largos periodos de amenorrea o una menopausia temprana también presentan un mayor riesgo de pérdida de masa ósea a edad más temprana.

A partir de los 50 años, el riesgo de osteoporosis aumenta progresivamente con la edad tanto en hombres como en mujeres.

Según la Fundación International de Osteoporosis (International Osteoporosis Foundation), una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años tienen riesgo de sufrir fracturas por fragilidad ósea. Además de la edad y el género, la historia familiar de fracturas osteoporóticas o previas fracturas se asocian a una probabilidad más alta de fracturas en el futuro .Otro factor de riesgo importante es la deficiencia de ciertos elementos esenciales en el metabolismo óseo ya sea por trastornos congénitos, por problemas en la absorción de nutrientes o por dietas pobres en vitaminas y minerales.

El ejercicio excesivo, la falta de actividad física regular o la inmovilidad prolongada causada por ejemplo por un accidente cerebrovascular tienen un efecto negativo sobre la masa ósea. Personas con trastornos endocrinos y metabólicos como hiperparatiroidismo, hipertiroidismo, hiperglucemia, obesidad y dislipidemias tienen un riesgo más alto de sufrir osteoporosis.

Enfermedades crónicas como artritis reumatoide, hipertensión, infección por VIH, enfermedad hepática, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, demencia o enfermedad de Parkinson llevan asociadas probabilidades más altas de osteoporosis. También existe una asociación directa entre una afectación de la masa ósea y trastornos hematológicos, como la talasemia o la anemia falciforme.

Las personas con diagnóstico de enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria crónica del intestino tienen mayor riesgo, dado que la ingesta y absorción del calcio y otros nutrientes esenciales para la salud ósea están comprometidas. La población que sigue dietas pobres en calcio y/o vitamina D, como es el caso de vegetarianos y en especial veganos, tienen más probabilidad de sufrir fracturas por una densidad mineral ósea (DMO) baja (Tucker, 2014).

Además, aquellas personas que tienen un índice de masa corporal bajo (IMC<21 kg/m2) presentan un riesgo más alto de fractura de cadera. El consumo elevado de alcohol y el de tabaco contribuyen a acelerar la pérdida de masa ósea.

 Fármacos como glucocorticoides antiepilépticos, tratamientos de cáncer de mama y próstata aumentan el riesgo de osteoporosis. 

 El tratamiento prolongado con glucocorticoides es el tercer factor de riesgo más importante de sufrir osteoporosis, tras la menopausia y el aumento de la edad. Diversos trastornos endocrinos, metabólicos, intestinales, así como hábitos de vida poco saludables o dietas pobres en minerales y vitaminas se asocian con frecuencia a osteoporosis.

 5. ¿Cuáles son sus causas? 

El hueso está compuesto químicamente por un 30% de materia orgánica, siendo el colágeno el principal componente, un 60% de materia inorgánica y el resto (10%), es agua (figura 3). El esqueleto, por su composición inorgánica, constituye una reserva de fosfato de calcio en forma de una matriz mineral compleja, que proporciona al tejido óseo rigidez, fortaleza, pero con cierta elasticidad, propiedades con las que confiere protección a los órganos internos así como movilidad y anclaje al sistema muscular (Feng, 2009).

 Figura 3. Composición química del hueso.

 

 

La regeneración del tejido óseo es continua, lo que se conoce como remodelado óseo. Para ello consta de dos procesos:

  • formación

  • resorción ósea.

Los osteoblastos son las células responsables de la formación del hueso mientras que los osteoclastos se encargan de la resorción del mismo (figura 4).

Figura 4. Equilibrio en la actividad de osteblastos y osteoclastos en un remodelado óseo óptimo.

La pérdida de masa ósea se debe a un desequilibrio en el remodelado óseo a favor de la resorción ósea. 

Durante la etapa de crecimiento del individuo, la formación ósea es mayor que la resorción hasta llegar al pico de masa ósea alrededor de los 30 años. Entre los 30 y los 50 años, existe un equilibrio entre el proceso de formación y de resorción. A partir de la menopausia, en mujeres y, un poco más tarde en hombres, la resorción ósea supera a la formación y como consecuencia la masa ósea disminuye aumentando el riesgo de fracturas (figura 5). La reducción del nivel de estrógenos con la edad en la mujer contribuye a un aumento de la tasa de recambio y la resorción ósea, superando la formación de hueso por los osteoblastos.

Figura 5. Evolución de la masa ósea con la edad en mujeres y hombres.

 

 El pico de masa ósea varía individualmente según el tamaño corporal y puede estar influenciado por factores genéticos, la actividad física habitual o la ingesta de calcio con la dieta. Durante la etapa de crecimiento del individuo, la acumulación adecuada de masa ósea es importante puesto que reducirá el riesgo de futuras fracturas por fragilidad ósea.

Con el envejecimiento, la ingesta de calcio generalmente se reduce, así como la producción endógena de vitamina D. La falta de ambos estimula la secreción de la hormona paratiroidea (PTH) que promueve la resorción ósea y con ello la pérdida de masa ósea. Con el envejecimiento existe además una reducción importante en la formación ósea que se debe, fundamentalmente, a que en la médula la osteoblastogénesis pasa a un segundo plano cediendo a la adipogénesis su papel principal.

La osteoporosis es una enfermedad prevenible con hábitos de vida saludables como la realización frecuente de ejercicio físico y la ingesta de una dieta rica en calcio y vitamina D y de otras vitaminas (C y K) y minerales esenciales en el remodelado óseo(Fe, Zn, Se, Cu, Mn). Bioflavonoides y otros fitoquímicos son elementos fundamentales cuya presencia en la dieta en cantidad suficiente contribuyen a mantener el remodelado y la mineralización de los huesos aportando, además, actividad antioxidante y antiinflamatoria

El metabolismo óseo es de gran complejidad e implica numerosos elementos esenciales. En nuestro folleto “Fortaleciendo huesos” encontrará información sobre suplementos y sus combinaciones para la prevención de la pérdida de masa ósea.

 

 

 

 

Bibliografía y Referencias.