Artritis, artrosis, artritis reumatoide y otras artritis.

artritis

Artritis

La artritis se caracteriza por inflamación crónica en una o más articulaciones. Normalmente se acompaña de dolor e incapacidad funcional. El término artritis deriva de las palabras griegas “arthon-” e “-itis” que significan articulación e inflamación, respectivamente.

 La artritis comprende más de 100 formas distintas siendo la artrosis la forma más común.

 Formas frecuentes de artritis son la artritis reumatoide, la gota, la artritis psoriásica, y la afectación articular que acompaña a enfermedades autoinmunes crónicas como el lupus eritematoso sistémico o la fibromialgia. Aunque las causas de estas enfermedades son diferentes, comparten los mismos síntomas articulares como dolor, rigidez e inflamación de las articulaciones, vías moleculares comunes y tratamientos similares. Cuando estas artritis aparecen en el contexto de enfermedades sistémicas (como en el caso del lupus eritematoso sistémico o la artritis reumatoide) hay compromiso de otros órganos y tejidos y síntomas generalizados de afectación del estado general de la persona. (Grossman JM 2009).

 Artrosis 

La artrosis es el tipo de artritis más común. Consiste en un trastorno degenerativo que afecta a articulaciones móviles, y ocurre con más frecuencia en las articulaciones que, además, soportan peso como la cadera, la rodilla y las vértebras lumbares y cervicales, y la mano. Otras articulaciones se pueden ver afectadas en caso de una lesión previa, de estrés excesivo o de un trastorno subyacente del cartílago. Se habla de artrosis generalizada cuando afecta a tres o más áreas articulares (van der Kraan & van den Berg, 2000). En España se calcula que el 10% de la población general tiene artrosis.

La artrosis aparece como consecuencia de una degeneración del cartílago. Se produce una inflamación de la membrana sinovial, resorción del hueso subcondral subyacente y neoformaciones de cartílago osificado, conocido como osteofitos (figura 1). Estos cambios patológicos se asocian con una producción excesiva de citoquinas proinflamatorias como IL-1ß y TNFα que alteran el equilibrio entre la síntesis y degradación de los componentes de la matriz extracelular, resultando en una destrucción progresiva de los tejidos articulares (van der Kraan & van den Berg, 2000).

Figura 1

articulacion artritis

 

Factores de riesgo de la artrosis 

Los principales factores de riesgo asociados a la artrosis son:

  • Sexo: A partir de los 50 años, las mujeres tienen un mayor riesgo de padecer artrosis que los hombres debido a la deficiencia de estrógenos propia de la menopausia, así como por ciertas diferencias anatómicas a nivel articular que favorecen el desgaste articular (Roman-Blas, Castañeda, Largo, & Herrero-Beaumont, 2009) (Hame & Alexander, 2013)
  • Edad: Constituye otro factor de riesgo demostrado en diversos estudios epidemiológicos. Aunque el mecanismo de la asociación entre el envejecimiento y la OA es poco conocido, es posible que se deba a un deterioro de las propiedades mecánicas del cartílago con la edad debido a pequeños cambios anatómicos, biomecánicos o bioquímicos del mismo.
  • Factores genéticos: Están asociados con el 50% de los casos, con mayor peso en las mujeres. En la OA de manos, los factores genéticos explican un 65% de su aparición (Peña Ayala, A. H. & Fernández-López, 2007).
  • Índice de masa corporal (IMC): Si es elevado, también es considerado un factor de riesgo principalmente para la OA de rodilla debido a la presión que ejerce el exceso de peso sobre la articulación.
  • Cantidad de tejido adiposo a nivel visceral: Está asociada con un mayor riesgo de OA de mano, por lo que constituye un factor de riesgo adicional para las personas obesas (Visser et al., 2014).
  • Uso repetido y prolongado de ciertas articulaciones, normalmente asociado a la actividad laboral: Así, la prevalencia de OA en manos es mayor en trabajadores que realizan labores manuales en comparación con otro tipo de trabajadores.
  • Lesiones deportivas: Las articulaciones normales en general toleran muy bien impactos leves y prolongados causados por el ejercicio; sin embargo, la práctica deportiva después de sufrir lesiones articulares supone un mayor riesgo en el desarrollo posterior de OA.
  • Alteraciones anatómicas en las articulaciones: Los individuos que presentan deformidades congénitas, o un historial de lesiones previas serán más propensos a la OA (Peña Ayala, A. H. & Fernández-López, 2007). Así una lesión traumática en la rodilla o la cadera durante la adolescencia o la juventud aumenta el riesgo de OA sintomática a partir de los 65 años de edad (Gelber et al., 2000).

Artritis reumatoide 

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad del tejido conectivo, de naturaleza autoinmune, sistémica y crónica. Se caracteriza por la presencia de sinovitis inflamatoria persistente en las articulaciones periféricas y ocurre de forma simétrica, afectando a ambas articulaciones a la vez. En la mayoría de los pacientes el curso de la enfermedad es progresivo y conduce a una lesión estructural articular, deterioro funcional con compromiso de la calidad de vida relacionada con la salud. En algunos casos aparecen manifestaciones extraarticulares como nódulos reumatoides o sistémicas como anemia, enfermedad cardiovascular, o depresión. La prevalencia de AR en España es de 0,5%, con una incidencia de 10 casos por 100.000 habitantes. La AR es más frecuente en mujeres que en hombres (2- 3 mujeres por cada hombre) y suele aparecer entre la cuarta y la sexta década de la vida (García-Sevillano, 2014).

En el proceso inflamatorio que tiene lugar en la membrana sinovial en la artritis reumatoide, están involucradas numerosas vías de señalización y moduladores inmunitarios. Entre otros procesos, se produce un aumento de las células de revestimiento sinovial, de la infiltración de linfocitos T y B y de la producción de citoquinas inflamatorias. Estas últimas tienen un papel crucial en la fisiopatología de AR siendo las responsables de la inflamación y la degradación de la articulación (figura 2). En el suero plasmático y líquido sinovial de pacientes con AR se han encontrado niveles elevados de citoquinas como TNFα, IL-1, IL-6 y IL-17. El predominio de estas citoquinas proinflamatorias, frente a las antiinflamatorias provoca el proceso inflamatorio característico de AR (Mateen, Zafar, Moin, Khan, & Zubair, 2016).

 

Figura 2

artritis reumatoide

Aunque la etiología de esta enfermedad autoinmune es aún desconocida, existen ciertos factores genéticos y medioambientales que están fuertemente asociados con un riesgo más alto de AR.

  • Factores genéticos: Estos podrían tener una contribución de entre el 50 y 60 % en el desarrollo de AR. El principal factor de riesgo genético está relacionado con el complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) y en concreto con el alelo HLA-DR4 (HLA, por sus siglas en inglés, Human Leukocyte Antigen, antígeno leucocitario humano) (Mateen et al., 2016).
  • Factores medioambientales (Ruiz-Esquide & Sanmartí, 2012):
  • Fumar tabaco es uno de los factores más estudiados y reconocidos. El tabaquismo está asociado a un incremento del riesgo de AR seropositiva (factor reumatoide [FR] y/o anticuerpos frente a proteínas/ péptidos citrulinados [ACPA]). Además, estudios recientes ponen de manifiesto que el consumo de tabaco podría influir en la expresión clínica de la enfermedad, determinar un curso evolutivo más grave y una mayor destrucción articular.
  • Agentes infecciosos, como Porphyromonas gingivalis, son estímulos posibles para el desarrollo de la AR. La P. gingivalis es el agente causal principal de la periodontitis, enfermedad que es más frecuente, aproximadamente el doble, en sujetos con AR que en la población sana.
  • Hormonas: La mayor prevalencia de AR en mujeres, especialmente durante los años fértiles y la frecuente mejoría de la enfermedad durante el embarazo obligan a considerar el posible papel hormonal en la susceptibilidad a la enfermedad.
  • Bajos niveles de vitamina D. También parece existir una asociación inversa entre el consumo de vitamina D y el desarrollo de AR, y entre los niveles séricos de vitamina D y la evolución de la enfermedad, observándose mayor actividad de la enfermedad y mayor discapacidad a menores niveles de vitamina D.
  • Cristales de sílice. La exposición a ellos es otro factor de riesgo de AR bien definido. Los cristales de sílice están presentes en la industria minera, de construcción, cerá-micas, vidrio y agricultura.

 

Otras artritis 

Los diferentes tipos de artritis presentan síntomas articulares comunes como son el calor, edema, eritema, dolor, incapacidad de movilizar la articulación y, en ocasiones, deformación de la misma. En la tabla 3, se muestran otras artritis con sus principales características y sus factores de riesgo.

 

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 *Bibliografia y Referencias