Ácidos grasos omega-3 en el control de la presión arterial.

El control de la presión arterial y su corrección se basa en un estilo de vida saludable, con actividad física regular y hábitos alimentarios saludables siguiendo una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras. Hábitos poco saludables como dietas ricas en sal, consumo de alcohol o fumar elevan la presión arterial.

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En casos más graves de hipertensión, los cambios en el estilo de vida deben acompañarse de tratamientos con fármacos antihipertensivos. Las intervenciones nutricionales contribuyen a la normalización de la presión arterial y a la prevención de la hipertensión (Fig.1). Diversas vitaminas y minerales desempeñan importantes roles en el control de la presión arterial por lo que su baja ingesta facilita la aparición de hipertensión. Asimismo, otros nutrientes poseen propiedades que mejoran la función endotelial o favorecen la vasodilatación mediante diversos mecanismos y por tanto su consumo podría aportar beneficios en este grupo de pacientes.

Fig.1 Utilización de nutrientes en la prevención de la hipertensión arterial y otras complicaciones habitualmente asociadas:

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 Ácidos grasos poliinsaturados omega-3.

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga ω-3 (AGPICL ω-3), principalmente el ácido eicosapentaenoico (EPA, por sus siglas en inglés) y el ácido docosahexaenoico (DHA, por sus siglas en inglés), pueden ser sintetizados en el organismo a partir del ácido graso esencial α-linolénico (ALA). Sin embargo, debido a que su biosíntesis es un proceso de baja eficiencia metabólica en el adulto (conversión de EPA < 5% y DHA < 1%), resulta beneficiosa su obtención a partir de la dieta, estando especialmente presentes en pescados grasos o azules.

Los AGPICL ω-3 regulan la presión arterial mediante varios mecanismos. Son precursores de mediadores de la inflamación (prostaglandinas de la serie 3, resolvinas y protectinas) con acción vasodilatadora. Por otro lado, suprimen la actividad de la enzima convertidora de angiotensina (ECA), reduciendo la síntesis de angiotensina II lo que conlleva a una reducción de la presión sanguínea. Promueve la activación de isoformas de citocromo P450, como CYP1A1 que contribuyen a la activación de la óxido nítrico sintetasa (NOS) que aumenta la disponibilidad de NO y causa vasodilatación. Además, los AGPICL ω-3 tienen una función estructural en las membranas celulares, especialmente importante en los eritrocitos que favorece la fluidez de la membrana y disminuye la sensibilidad del músculo liso vascular a los efectos vasoconstrictores (Figura 2).

omega 3 en la hipertension1 Conversión a prostaglandinas vasodilatadoras; 2. Inhibición del sistema renina-angiotensina; 3. Promoción de isoformas de citocromo P450 que causan vasodilatación mediante el aumento de óxido nítrico; 4. Función estructural en membranas de eritrocitos. ECA: enzima convertidora de angiotensina; AT-II: angiotensina II; eNOS: óxido nítrico sintetasa endotelial; AGPICL ω-3: ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga ω-3. 

 Figura 2. Papel de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga ω-3 en la hipertensión

 

El efecto de los AGPICL ω-3 sobre el control de la presión arterial se ha demostrado en diversos ensayos clínicos. Dosis mayores de 3g/día de AGPICL ω-3 pueden reducir la presión arterial en pacientes con hipertensión no tratada. En un meta-análisis de 6 estudios controlados sobre pacientes hipertensos no tratados (n=291) se establecieron reducciones clínicamente relevantes de PAS y PAD de 5,5 y 3,5 mmHg respectivamente (Cabo, et al., 2012). En otro meta-análisis de 20 ensayos clínicos, el uso de EPA se asoció con una reducción de la PAS de 2,6 mmHg, siendo mayor la reducción en pacientes con dislipidemia (-3,8mmHg) mientras que el uso de DHA ocasionó en este mismo grupo de pacientes una reducción de la PAD de 3,1 mmHg (Guo, et al., 2019).

El ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga ω-3, son precursores de mediadores de la inflamación con acción vasodilatadora, reducen la síntesis de la angiotensina II y aumentan la disponibilidad del óxido nítrico (NO) como mecanismo de acción en el control de la presión arterial.

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En conclusión, EPA y DHA son nutrientes que mediante diferentes mecanismos de acción ejercen un efecto beneficioso sobre la presión arterial. Por ello, su suplementación sería especialmente útil en la normalización de la presión arterial en individuos hipertensos no tratados con dislipidemias.

 

 

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